miércoles, 12 de diciembre de 2012

Soy de esas. De las soñadoras. De las que siempre tienen esperanzas. Pero he de reconocer que ayer me dormi entre lágrimas. Y he de confesar que tampoco es la primera vez.
Y no sabría decir por que, ni que pensamientos me llevan a llorar cada noche sobre mi almohada, supongo que es un cúmulo de cosas, un torbellino de pensamientos que uno tras otro pegan golpes contra mi subconsciente, abriendo boquetes en mi fuerza de voluntad. Ultimamente me doy cuenta de que lo único que se transmitir, lo único que escribo son cosas grises, de matices tristes. Quisiera cambiarlo, quiero dar ese giro a mi vida que la haga perfecta, quiero que todo vaya bien de una vez. Pero, ¿Cómo? Cambiar la perspectiva desde la que miro a la vida se que no es una opcion, cambiar yo, tampoco. De hecho, no hay nada que cambiar. Tampoco creo que haya mucho que hacer. Supongo que solo me queda esperar. Pero siempre fui de planear, de tenerlo todo controlado. Decía John Lennon que la vida es lo que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes. Y tenía razón. Planeas tu matrimonio, la casa donde vivirás, el colegio al que irán tus hijos. Planeas hasta el color que tendrá el puto sofá. Pero los planes son solo un dibujo en una servilleta de papel.. y por mucho que te empeñes, al final tus planes le importan una mierda al resto del mundo.
Y puedo ponerle cabeza, corazón… o un taco de servilletas emborronadas con sueños, que la vida tiene otros planes para mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario