jueves, 13 de agosto de 2015

Siento una presión en el pecho cada vez que pienso que me tengo que quedar en esta casa. Siento un dolor interno a cada grito, siento un pinchazo con cada palabra dicha con desprecio. Siento agobio sólo de pensar que me quedan años encerrada con dos personas con las que no quiero pasar mis días. Siento una saturación interna solo de imaginarme que me queda mucho tiempo conviviendo con dos personas que no me respetan como adulta no como mujer que soy, y que aún me tratan como la niña que ya fui y no volveré a ser. Me entran ganas de gritar al mundo que no puedo más, que algo o alguien por favor me saque de este agujero, que no puedo vivir sabiendo que cada vez que estoy en mi casa tengo que ser otra persona diferente a como soy yo, tengo que servir a los intereses de personas que no son los míos, y en donde no puedo expresar mi opinión, porque tampoco se va a tener en cuenta.
Estoy cansada de que se me considere una niña excesivamente infantil para entender lo que es la vida, como si a mi no me hubiera dado ningún palo. Estoy harta de que se considere que no soy capaz de conseguir mis metas y por eso se me pongan imposiciones. Cuando me tuvieron tenían que haber asumido que yo iba a cometer errores, pero se supone que deberían estar ahí en las buenas en las malas, y yo solo siento que puedo comunicarme con ellos en las buenas,
No confío en mis padres, no les cuento mis preocupaciones, no lloro delante de ellos, no les cuento que siento internamente, no tengo confianza en ellos porque tampoco me han demostrado que pueda tenerla, siempre que hablé con ellos he sentido como si lo que dijera son tonterías, como si nada tuviera sentido y sólo fuera una niña que está hablando de más sobre algo de lo que no tiene ni idea.
Y todo esto y mucho más es lo que me han hecho sentir desde que he vuelto; he pasado dos años fuera, he sido completamente feliz de poder comportarme como una adulta, con la libertad de una adulta y con las responsabilidades de una adulta, asumiendo las consecuencias de una adulta, y ahora, he tenido que volver por capricho suyo, y vuelvo a estar encerrada, siendo una niña, con responsabilidades de una niña y con la presión y control que se le ejerce a una niña.