No hay respuesta al olvido, así como no hay solución a sentirse asfixiado cuando estás sin refugio. No hay manera de olvidar sin extrañar, así como no existe forma de evitar respirar profundo cuando subes la mirada y recuerdas lo que intentas superar.
No hay tal dilema entre olvidar y recordar, es la perfección de la mente que hace un balanza entre lo bueno y lo malo, y cuando finalmente desistes de recordar será para decidir que pesa más; extrañar lo que te hizo daño y al final del día superar, o recordar lo que te llena de felicidad y al final del día volver a intentar.