Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Mírala, es esa. La que cuando pasa todos se giran a mirarla. La que baja la mirada por miedo a cruzarse con la de alguien y se quede prendada en ella. Es esa que sonríe al cielo, porque está enamorada de las estrellas. Porque sabe que ellas nunca le harán daño. Es la que evita tocar el corazón de nadie, pero inevitablemente se queda en el de todos. Es esa que camina sola, y se ruboriza si tropieza. Es esa a la que le darías la mano y te la llevarías muy lejos, a donde fuera, con tal de no perderla. Es esa que costruyó un muro alrededor de su corazón, para que no se le cayeran los trocitos. Si la ves leyendo un libro, no la interrumpas, no le gusta que le saquen de esos mundos. Es esa que se imagina lo que ocurriría si te conociera, mientras escucha una balada lenta. Es esa que te encantaría enamorar,porque es la mejor de las princesas. Es esa a la que le regalarías una isla entera, y aún así ella te la rechazaría, porque no puede aceptar regalos. Es esa que no quieres que se vaya de tu lado, porque deja un vacío inexistente.
Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
Lo peor es que ella no te deja enamorarla.
Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
jueves, 27 de septiembre de 2012
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Algo me empujó, y cuando me di cuenta estaba en el fondo del agua. Subí a la superficie y me senté en el borde, mientras oía su risa ya casi sin aliento.
Gruñí, y le miré con odio.
-Tranquila, pequeña licántropa, que sólo es un poco de agua.-Dijo, o eso creo, porque yo ya me había perdido. Llevaba un bañador negro, que resaltaba la palidez de su torso. Tenía unos músculos capaces de estrujar una piedra entre sus manos si se lo propusiera, y su pecho estaba bien definido y musculado.
En otras palabras estaba bueno. Muy bueno.
Cogió un poco de carrerilla y se metió al agua, saltando de cabeza. Salió unos metros más allá y se acercó nadando. Era demasiado elegante, demasiado hipnotizante. Llegó al borde y se sentó a mi lado.
-Puedes cambiarte antes de coger una pulmonía, no miraré-Me guiñó un ojo. Y me di cuenta de que estaba temblando. Di media vuelta y me puse en pie. Llegué hasta mi mochila y saqué la parte de debajo de mi bañador. Me giré y vi que él miraba hacia delante, no había peligro.
Me desvestí y me lo puse rápido, sólo por si acaso, y hice lo propio con la parte de arriba. Me costaba abrocharla, y entre las prisas y los nervios se había enredado.
Sentí sus manos sobre las mías-Deja que te lo abroche.
Dejé caer las manos sobre mis caderas, e intenté aparentar enfado, o algo parecido, mientras el rubor acudía a mis mejillas.
-Me estabas mirando.
-Sí.
Abrí los ojos como platos y me giré-Eres un...-Le grité. Y no pude decir más, porque sus labios estaban sobre los míos y sus manos alrededor de mi cintura, acercándome a él.
martes, 25 de septiembre de 2012
Sal
con una chica que lee.
Sal
con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que
tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado
demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros
por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de
suscripción a una biblioteca.
Encuentra
una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su
maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es
la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la
que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a
esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en
una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse
a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es
la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo
mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema
deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima
del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el
mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te
eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las
lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el
libro que tiene entre las manos.
Invítala
a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue
capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente
de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para
parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera
ser ella.
Es
fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su
cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de
palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a
Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las
palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia
entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que
su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo
hace.
Por
lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele,
si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de
mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación,
valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale.
La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un
final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de
escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a
empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También
es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos
villanos.
¿Por
qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las
personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una
novela.
Si
te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a
las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra
su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que
la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti.
Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es
que, por un tiempo, siempre lo son.
Le
propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un
concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta
casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por
Skype.
Sonreirás
con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha
estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho.
Escribirás vuestra historia, tendrán hijos con nombres
extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The
Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día.
Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los
poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus
botas.
Sal
con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer
capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo
tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio
cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los
mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O
mejor aún, a una que escriba.
domingo, 23 de septiembre de 2012
No te rindas
No te rindas, aún estás a tiempo, de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros, y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque lo has querido, y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron, vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar un canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Déjame decirte algo, algo que quizás ya sepas.
Puede que las cosas no nos hallan salido como hemos querido, puede que se nos hallan pasado las oportunidades, pero sigue habiendo un futuro cercano que yo sigo llenando de ilusiones y esperanzas. Parece que la vida esta dispuesta a no darnos lo que queremos, pero es que no hay nadie con huevos de negarme lo que quiero. Me respondiste un seco ''Sí'' a mi pregunta, y yo me enganché a esa respuesta. Puede que me quieras lejos, no tienes nada más que decírmelo, desapareceré. Pero sé que no, se que sigo ahí. No te voy a creer si me dices que no me quieres porque me grabaste lo contrario a fuego en mi mente. No se me va a borrar por mucho que te alejes.
No sé lo que quieres, es algo que solo tú sabes, nunca fuiste claro.
Pero no me sonrías, porque te como. Te como hasta los huesos. Sabes que me puede esa felicidad fingida.
Por qué analizas todo a conciencia, por que no te dejas llevar.
Puede que las cosas no nos hallan salido como hemos querido, puede que se nos hallan pasado las oportunidades, pero sigue habiendo un futuro cercano que yo sigo llenando de ilusiones y esperanzas. Parece que la vida esta dispuesta a no darnos lo que queremos, pero es que no hay nadie con huevos de negarme lo que quiero. Me respondiste un seco ''Sí'' a mi pregunta, y yo me enganché a esa respuesta. Puede que me quieras lejos, no tienes nada más que decírmelo, desapareceré. Pero sé que no, se que sigo ahí. No te voy a creer si me dices que no me quieres porque me grabaste lo contrario a fuego en mi mente. No se me va a borrar por mucho que te alejes.
No sé lo que quieres, es algo que solo tú sabes, nunca fuiste claro.
Pero no me sonrías, porque te como. Te como hasta los huesos. Sabes que me puede esa felicidad fingida.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Tú eres esa.
Y que no me entere yo de que se apaga tu sonrisa, porque allá voy con un mechero a encenderla. Y como si te tengo que grapar las comisuras de los labios a las mejillas, porque tu sonrisa vale millones y brilla como si fuera una estrella más.
Te quiero mi princesa, la más preciosa de todas, TÚ.
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