Algo me empujó, y cuando me di cuenta estaba en el fondo del agua. Subí a la superficie y me senté en el borde, mientras oía su risa ya casi sin aliento.
Gruñí, y le miré con odio.
-Tranquila, pequeña licántropa, que sólo es un poco de agua.-Dijo, o eso creo, porque yo ya me había perdido. Llevaba un bañador negro, que resaltaba la palidez de su torso. Tenía unos músculos capaces de estrujar una piedra entre sus manos si se lo propusiera, y su pecho estaba bien definido y musculado.
En otras palabras estaba bueno. Muy bueno.
Cogió un poco de carrerilla y se metió al agua, saltando de cabeza. Salió unos metros más allá y se acercó nadando. Era demasiado elegante, demasiado hipnotizante. Llegó al borde y se sentó a mi lado.
-Puedes cambiarte antes de coger una pulmonía, no miraré-Me guiñó un ojo. Y me di cuenta de que estaba temblando. Di media vuelta y me puse en pie. Llegué hasta mi mochila y saqué la parte de debajo de mi bañador. Me giré y vi que él miraba hacia delante, no había peligro.
Me desvestí y me lo puse rápido, sólo por si acaso, y hice lo propio con la parte de arriba. Me costaba abrocharla, y entre las prisas y los nervios se había enredado.
Sentí sus manos sobre las mías-Deja que te lo abroche.
Dejé caer las manos sobre mis caderas, e intenté aparentar enfado, o algo parecido, mientras el rubor acudía a mis mejillas.
-Me estabas mirando.
-Sí.
Abrí los ojos como platos y me giré-Eres un...-Le grité. Y no pude decir más, porque sus labios estaban sobre los míos y sus manos alrededor de mi cintura, acercándome a él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario