Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Mírala, es esa. La que cuando pasa todos se giran a mirarla. La que baja la mirada por miedo a cruzarse con la de alguien y se quede prendada en ella. Es esa que sonríe al cielo, porque está enamorada de las estrellas. Porque sabe que ellas nunca le harán daño. Es la que evita tocar el corazón de nadie, pero inevitablemente se queda en el de todos. Es esa que camina sola, y se ruboriza si tropieza. Es esa a la que le darías la mano y te la llevarías muy lejos, a donde fuera, con tal de no perderla. Es esa que costruyó un muro alrededor de su corazón, para que no se le cayeran los trocitos. Si la ves leyendo un libro, no la interrumpas, no le gusta que le saquen de esos mundos. Es esa que se imagina lo que ocurriría si te conociera, mientras escucha una balada lenta. Es esa que te encantaría enamorar,porque es la mejor de las princesas. Es esa a la que le regalarías una isla entera, y aún así ella te la rechazaría, porque no puede aceptar regalos. Es esa que no quieres que se vaya de tu lado, porque deja un vacío inexistente.
Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
Lo peor es que ella no te deja enamorarla.
Ella, es esa. La reconocerás por su sonrisa, que va de oreja a oreja, iluminando la calzada por donde pisa, por esos ojos misteriosos y grandes, marrones como el chocolate, que se derrite cuando te miran. Te gustarán sus cejas, arqueadas en señal de sorpresa, y su nariz pequeña y respingona. Te enamorarás de sus rizos, cada uno por su lado. Te enamorarás de ella, porque es inevitable.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario