-Si estas realmente cansada, podría hacerte dormir- propuso él- contarte un cuento.
-¿Hablas en serio? -inquirió ella, mirándole.
-Siempre lo hago.
Ella se preguntó si estar cansados no les había enloquecido un poco ambos. Pero él no parecía cansado, sólo un poco triste. Dejó el cuaderno de dibujo sobre la mesilla de noche, y se tumbó, enroscándose de lado sobre la almohada.
-De acuerdo.
-Cierra los ojos.
Ella los cerró. Podía ver la imagen residual de la luz de la lámpara reflejada en el interior de sus párpados, igual que diminutas estrellas estallando.
-Había una vez un niño-Comenzó.
Le interrumpió inmediatamente.
-¿Un niño cazador de sombras?
-Por supuesto.-Por un momento, un sombrío tono divertido coloreó su voz; luego desapareció-. Cuando el niño tenía seis años, su padre le dio un halcón para que lo adiestrara. Los halcones son aves rapaces... que matan pájaros, le dijo su padre, son los cazadores de sombras del cielo.
Al halcón no le gustaba el niño, y al niño tampoco le gustaba él. Su pico afilado lo ponía nervioso, y sus ojos brillantes siempre parecían estarle vigilando. El ave le atacaba con el pico y las garras cada vez que se acercaba a él. Durante semanas, no dejaron de sangrarle las muñecas y las manos. Él no lo sabía, pero su padre había seleccionado un halcón que había vivido salvaje durante más de un año, y por lo tanto era casi imposible de domesticar. Pero el niño lo intentó, porque su padre le había dicho que hiciera que el animal le obedeciera, y él queria complacer a su padre.
Permanecía junto al ave constantemente, hablándole para mantenerla despierta e incluso poniéndole música, porque suponía que un ave cansada es más facil de domar. Aprendió a manejar el equipo: las pihuelas, el capuchón, la caperuza, la lonja, la correa que sujetaba al halcón a su muñeca. Se suponia que debía mantener ciego al halcón, pero no tenía valor para hacerlo; en vez de eso intento sentarse donde el pájaro pudiera verlo mientras le tocaba y acariciaba l as alas, deseando con todas sus fuerzas que aprendiera a confiar en él. Le daba de comer con la mano, y al principio el halcón se negó a comer. Más tarde comió con tanta ferocidad que el pico hirió al niño en la palma de la mano. Pero el niño estaba contento, porque era un progreso, y porque quería que el pájaro lo conociese, incluso aunque el ave le dejara sin sangre para conseguirlo.
Empezó a ver que el halcón era hermoso, que sus alas delgadas estaban pensadas para la velocidad del vuelo, que era fuerte y rápido, feroz y delicado. Cuando descendía hacia el suelo, se movía como la luz. Cuando aprendió a describir un círculo y posársele en la muñeca, él casi gritó de júbilo. A veces el ave saltaba a su hombro y ponía el pico en sus cabellos. Sabía que su halcón le quería, y cuando estuvo seguro de que no sólo estaba domesticado, sino perfectamente domesticado, fue a su padre y le mostró lo que había hecho, esperando que se sentiría orgulloso.
Pero en vez de eso, su padre tomó al ave, ahora domesticada y confiada, en sus manos y le rompió el cuello. Te dije que hicieras que fuese obediente -le dijo su padre, y dejó caer el cuerpo sin vida del halcón al suelo-. Pero tú le has enseñado a quererte. Los halcones no existen para ser mascotas cariñosas: son feroces y salvajes, despiadadas crueles. Este pájaro no estaba domado; había perdido su identidad.
Más tarde, cuando su padre le dejó, el niño lloró sobre su mascota, hasta que finalmente el padre envió a un criado para que se llevara el cuerpo del ave y lo enterrara. El niño no volvió a llorar, y nunca olvidó lo que había aprendido: que amar es destruir, y que ser amado es ser destruido.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Mi pequeño universo
Lo mejor que tengo. Lo más bonito que he vivido en mi vida. Y en mi vida voy a olvidar esa forma que tienes de sentarte, con las manos en los bolsillos y escurrido hacia abajo, con los pies cruzados bajo la mesa. Nunca olvidaré tu forma de andar ni tu sonrisa avergonzada. Por todas esas miradas que no me pudiste aguantar y todos esos serios en los que siempre te gané. Por las fotos que nunca te quisiste hacer conmigo pero yo te obligué. Por todas las palabras que nos saltamos y leímos entre lineas. Por todos esos besos que guardamos en un frasco con una etiqueta de ''ojalá''. Por todas las veces que me quedé dormida sobre ti. Por las noches que hemos pasado juntos y todos los sueños que compartimos en la misma almohada. Tampoco olvidaré esa manía de juntar las yemas de los dedos que tienes, que a veces hasta me saca de mis casillas, pero que en realidad me encanta. Ni todos los abrazos que me consolaron o me demostraron que seguía habiendo alguien a mi lado. Nunca olvidaré tu sonrisa, ni la primera vez que rozaste mis labios.
Nunca olvidaré tu mano sobre la mia. Ni la cara que pones siempre que estas pensando en algo. Ni tu mirada perdida cuando no quieres hablar. Tampoco que cuando pongo cara triste tu golpeas mi labio inferior con tu dedo suavemente para que sonria.
Y tampoco dejaré que tu te olvides.
Nunca olvidaré tu mano sobre la mia. Ni la cara que pones siempre que estas pensando en algo. Ni tu mirada perdida cuando no quieres hablar. Tampoco que cuando pongo cara triste tu golpeas mi labio inferior con tu dedo suavemente para que sonria.
Y tampoco dejaré que tu te olvides.
lunes, 12 de agosto de 2013
Hoy te he echado de menos. Sobre todo tus suaves labios.
Fue solo por un segundo rápido, apareció la nostalgia y empecé a pensar mil formas por las que podrías estar a mi lado abrazándome, viendo una de nuestras pelis favoritas, comiendo chocolate y sonriéndonos como idiotas. Pensé las mil y una formas por las que podría haberlo intentado y me he preguntado si habrían funcionado. Incluso me pregunté si algún dia conseguiría dejar el pasado atrás, o volverías a aparecer como me prometiste.
Hasta llegué a pensar si lograríamos tener nuestra casa perdida en el monte.
Pero solo fue un segundo, como dije, rápido, fugaz. Las cosas son así porque tienen que ser así, y ya no hay ningún otro camino que recorrer.
Fue solo por un segundo rápido, apareció la nostalgia y empecé a pensar mil formas por las que podrías estar a mi lado abrazándome, viendo una de nuestras pelis favoritas, comiendo chocolate y sonriéndonos como idiotas. Pensé las mil y una formas por las que podría haberlo intentado y me he preguntado si habrían funcionado. Incluso me pregunté si algún dia conseguiría dejar el pasado atrás, o volverías a aparecer como me prometiste.
Hasta llegué a pensar si lograríamos tener nuestra casa perdida en el monte.
Pero solo fue un segundo, como dije, rápido, fugaz. Las cosas son así porque tienen que ser así, y ya no hay ningún otro camino que recorrer.
viernes, 9 de agosto de 2013
Hoy soñé contigo, y me volvías a acompañar a casa. Esta vez si que te atrevías, y me besabas, y dejábamos todo el mundo atrás por un segundo, nos olvidábamos de todo. Eso que no te atreviste a hacer, ¿Recuerdas? A veces eso me atormenta por las noches. No es que me duela...pero si me pregunto que habría pasado entonces, porque era mucho antes de todo esto.
Puede que tu no te acuerdes, porque ha pasado demasiado tiempo, pero yo me sigo acordando a día de hoy, aunque a veces no quiera.
Todo es muy diferente ahora.
Puede que tu no te acuerdes, porque ha pasado demasiado tiempo, pero yo me sigo acordando a día de hoy, aunque a veces no quiera.
Todo es muy diferente ahora.
martes, 6 de agosto de 2013
A veces no nos damos cuenta de todo lo que estamos dando a cambio de nada. No nos arrepentimos porque pensamos que nos sirve de algo. Empezamos a entregar pequeñas piezas de nuestra alma poco a poco, no nos damos cuenta de que dentro de nosotros van quedado huequecitos. Cuando esos huequecitos son rellenados por otra persona no importa, pero cuando te das cuenta de que eres el único que se divide en piezas por la otra persona y es demasiado tarde empiezas a arrepentirte.
Aunque tampoco tiene sentido arrepentirse, si alguna vez te hizo sonreir. Se supone que era lo que en ese momento querías, y por eso tuviste el valor de entregarlo todo por una causa.
Me arrepiento. Lo acepto. Aunque ya no se puede desandar lo andado. Son tantos momentos que no se pueden dejar atras los que se agolpan en la memoria que hasta hacen daño cuando afloran todos a una. No es tan facil olvidar algo que llegó tan dentro, aunque para otras personas sea como cambiar de calcetines cada dia.
A veces se echa de menos.
Aunque tampoco tiene sentido arrepentirse, si alguna vez te hizo sonreir. Se supone que era lo que en ese momento querías, y por eso tuviste el valor de entregarlo todo por una causa.
Me arrepiento. Lo acepto. Aunque ya no se puede desandar lo andado. Son tantos momentos que no se pueden dejar atras los que se agolpan en la memoria que hasta hacen daño cuando afloran todos a una. No es tan facil olvidar algo que llegó tan dentro, aunque para otras personas sea como cambiar de calcetines cada dia.
A veces se echa de menos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

