miércoles, 16 de febrero de 2011

No quiero pensar en cuanto te quiero, y en el error que supone eso. Que ni siquiera debería hecharte de menos.

                                                                                                                                                                               
Que el maquillaje no apague tu risa, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisa, que el diccionario detenga las balas. Que las persianas corrijan la aurora, que gane el quiero la guerra del puedo, que los que esperan no cuenten las horas, que los que matan se mueran de miedo. Que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario te tiña las canas, que nunca sepas ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, ni ayer, ni mañana. Que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de bodas, que no se ponga la luna de miel. Que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentira, que no te den la razón los espejos, que te aproveche mirar lo que miras. Que no se ocupe de tí el desamparo, que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.

sábado, 12 de febrero de 2011

Un infinito que quiero alcanzar, pero está demasiado lejos. Cualquier cosa que me ocurra me parece horrenda, nunca estoy del todo satisfecha. La felicidad rehuye de mi o yo rehuyo de la felicidad, aún no lo sé. Busco estar completa, pero me faltan piezas, como un puzle que te viene a la mitad. Estoy estropeada, como una máquina cuando deja de funcionar. Todas y cada una de las partes de mi cuerpo a dejado de tener sentido del movimiento y del dolor, vivo en una nube, negra. En ocasiones pienso que me gustaría morir en ese momento, pero bueno, creo que soy demasiado cobarde. Aun hay cosas que creo que valen la pena como para acobardarse tan pronto. 
Creo.

sábado, 5 de febrero de 2011



Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla.
Aún estaba sentada en mi sofá mientras observaba la ciudad por la ventana, encogida sobre mi misma, pensando en esa tarde, y en todo lo que había pasado.
No solo había conseguido que seguramente él me odiara, si no que tambien había salido corriendo de aquella mini fiesta montada en el jardín de mi amiga quedando como una completa inútil.
Ya de por sí, no me gustó la idea de que hubiera alcohol, todo se iba a desmadrar, así que me fui y al poco el vino corriendo por detrás. Tampoco le agradaba la idea.
Me acompañó a casa en un tenso silencio que yo no iba a romper.
Lo estropeé todo al final. En la puerta de mi portal, se me ocurrió la genial idea de decirle lo que sentía.
Y el en vez de reirse de mí o cualquier otra cosa que me hubiera gustado más, frunció el ceño y dio media vuelta.
Sin mirar atrás.
Sacudí la cabeza intentando apartar esos pensamientos de mi cabeza. Me puse el abrigo de nuevo, cogi las llaves y salí al exterior. Sabía que si seguía encerrada en casa me iba a seguir martirizando.
Di vueltas por la calle sin un rumbo fijo. No quería pensar ni hacia donde iba, me daba miedo que al hacerlo, tambien pensara quien iba a estar allí y que si estaría él.
Llegué a un pequeño parque bastante descuidado y me senté un banco y miré la luna, llena y rodeada de un halo de luz.
Era hermosa, y era una pena que todo fuera negro a su alrededor.
Me estremecí ante el frío y encogí las piernas y las sujeté contra el pecho.
-¿Dando un paseo?
No me hacía falta levantar la cabeza para saber quien era.
Me estremecí solo de pensar que me podría decir.
-Sí- susurré-Eso parece.
Se sentó a mi lado y observó el suelo durante un largo minuto.
-Entonces...¿Por qué no me lo dijiste antes?
Reí amargamente.
-No quería que sucediera lo que antes hiciste, sabía de más que ibas a despreciarme de alguna forma u otra- Le miré a los ojos,esos ojos marrones verdosos que él tenía - Creo que cometí un error bastante grande al decírtelo, pero tranquilo, ya no te molesto más.
Me levanté del banco y le di la espalda, pero el me sujetó por la muñeca. Era realmente fuerte.
Me giré y en menos de medio segundo me tenía entre sus brazos.
-¿Quién dijo que te iba a despreciar?-Sonrió.

jueves, 3 de febrero de 2011

 Cuando naciste, tu llorabas y todos alrededor sonreían, vive tu vida de forma que cuando mueras tu sonrías, y todos alrededor lloren.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Bien. Y yo, ¿Qué? Que no es que me crea el puto ombligo del mundo, pero vamos, que ya está bien. Que sólo se necesitan unos ojos, aunque sean pequeños para darse cuenta de lo que sucede alrededor. Pero no pasa nada, está bien. Que sí, que me tomo mi tiempo, que me retiro. Que paso del mundo porque ya está bien. Pero luego los malos de la película nunca cambian. Cambia la película, eso es lo único que varía.