sábado, 5 de febrero de 2011



Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla.
Aún estaba sentada en mi sofá mientras observaba la ciudad por la ventana, encogida sobre mi misma, pensando en esa tarde, y en todo lo que había pasado.
No solo había conseguido que seguramente él me odiara, si no que tambien había salido corriendo de aquella mini fiesta montada en el jardín de mi amiga quedando como una completa inútil.
Ya de por sí, no me gustó la idea de que hubiera alcohol, todo se iba a desmadrar, así que me fui y al poco el vino corriendo por detrás. Tampoco le agradaba la idea.
Me acompañó a casa en un tenso silencio que yo no iba a romper.
Lo estropeé todo al final. En la puerta de mi portal, se me ocurrió la genial idea de decirle lo que sentía.
Y el en vez de reirse de mí o cualquier otra cosa que me hubiera gustado más, frunció el ceño y dio media vuelta.
Sin mirar atrás.
Sacudí la cabeza intentando apartar esos pensamientos de mi cabeza. Me puse el abrigo de nuevo, cogi las llaves y salí al exterior. Sabía que si seguía encerrada en casa me iba a seguir martirizando.
Di vueltas por la calle sin un rumbo fijo. No quería pensar ni hacia donde iba, me daba miedo que al hacerlo, tambien pensara quien iba a estar allí y que si estaría él.
Llegué a un pequeño parque bastante descuidado y me senté un banco y miré la luna, llena y rodeada de un halo de luz.
Era hermosa, y era una pena que todo fuera negro a su alrededor.
Me estremecí ante el frío y encogí las piernas y las sujeté contra el pecho.
-¿Dando un paseo?
No me hacía falta levantar la cabeza para saber quien era.
Me estremecí solo de pensar que me podría decir.
-Sí- susurré-Eso parece.
Se sentó a mi lado y observó el suelo durante un largo minuto.
-Entonces...¿Por qué no me lo dijiste antes?
Reí amargamente.
-No quería que sucediera lo que antes hiciste, sabía de más que ibas a despreciarme de alguna forma u otra- Le miré a los ojos,esos ojos marrones verdosos que él tenía - Creo que cometí un error bastante grande al decírtelo, pero tranquilo, ya no te molesto más.
Me levanté del banco y le di la espalda, pero el me sujetó por la muñeca. Era realmente fuerte.
Me giré y en menos de medio segundo me tenía entre sus brazos.
-¿Quién dijo que te iba a despreciar?-Sonrió.

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