miércoles, 10 de octubre de 2012


Cerré los ojos. Estaba muy cansada, era verdad. Sentí la yema de sus dedos recorrer mi brazo como la primera vez que durmió conmigo.
Cuando estaba empezando a dormirme, pasó las yemas de sus dedos sobre las mias, y presionó ligeramente, de modo que mi mano quedo abierta, y el entrelazo sus dedos con los mios.
Y así, tal cual estabamos, me quedé dormida.

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