Cerré
los ojos. Estaba muy cansada, era verdad. Sentí la yema de sus
dedos recorrer mi brazo como la primera vez que durmió conmigo.
Cuando
estaba empezando a dormirme, pasó las yemas de sus dedos sobre las
mias, y presionó ligeramente, de modo que mi mano quedo abierta, y
el entrelazo sus dedos con los mios.
Y
así, tal cual estabamos, me quedé dormida.
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