martes, 7 de agosto de 2012

Son nueve meses de risas. Nueve meses de lágrimas. De caidas y de levantarse. Una y otra vez. De tenderle la mano y que ella la coja. De coger la suya cuando hace lo mismo.
Nos hemos visto dos veces en persona, ¿Y creeis que nos importa? En absoluto. Ella lo es todo y sin ella yo no sería nada, si no hubiera estado ahí en mis peores momentos no habría salido de ellos, y si no hubiera estado en los mejores no habrían sido tan buenos. Una amistad se trabaja día a día, y los que digan que a distancia es imposible ya os digo yo que no. Ella vive a kilometros de distancia, y es en la primera que pienso cuando me pasa algo, porque necesito contárselo. Es a la primera a la que le doy los buenos dias por la mañana, sin haberme levantado de la cama todavía. Es la que figura en mi diario cada dos por tres recordándome lo que valgo. Es la que me saca una sonrisa con solo una palabra. Es la que se raya conmigo, porque si yo cebra, ella cebra tambien. 
Porque prometimos que estas dos princesas estarían juntas para siempre, y no hay dragón que se meta en medio. Queremos nuestro cuento de hadas, y no necesitamos ningún principe que nos lo de.

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