jueves, 4 de abril de 2013

Te quiero, te quiero, te quiero.

Podría repetírtelo hasta que mis labios se sequen y las palabras dejen de tener sentido. Podría escribirlo en alemán o en chino, al revés, con letras rojas o con tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente, podría escribirlo en un puente o ponerlo en un candado y tirar la llave al mar. Podría hacer que un avión lo escribiese en el cielo, como en las películas, o que apareciese en el marcador en medio de un partido. Pero tal vez algún dia ese puente se derrumbe, o tal vez la llave volviese algún dia a la orilla. No me gustan los aviones porque tengo miedo a las alturas, ni voy a ver partidos, no sé hablar chino ni tampoco alemán, me dan miedo las agujas y no existe la tinta invisible.
Y no, tampoco te mereces que te lo diga.

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