martes, 26 de febrero de 2013

Nadie, y menos tú, sabe cuanto lloré hasta quedarme dormida. Cuantas lágrimas faltaran por derramar y mucho menos las derramadas. Sólo mi almohada escuchó las veces que repeti tu nombre con la esperanza de que eso te trajera cerca. Las veces que la abracé pensando que era tu pecho, pero me faltaban esos latidos de corazón. De tu corazón.
Nadie sabe cuantas veces he gritado a la nada, echándole la culpa de todo lo malo que me ocurre. Nadie sabe cuanto te he echado de menos. Nadie sabe lo que me dolieron tus promesas, tus palabras, cuando no las cumpliste.
Dejé de creerte. Alcé las defensas.
Se acabaron las ilusiones.

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