¿Dudas?, luego piensas; ¿piensas?, luego eres. Sí, dudar es pensar. Y pensar es dudar y nada más que dudar. Se cree, se sabe, se imagina sin dudar; ni la fe, ni el conocimiento, ni la imaginación suponen duda y hasta la duda las destruye, pero no se piensa sin dudar. Y es la duda lo que la fe y del conocimiento, que son algo estático, quieto, muerto, hace pensamiento, que es dinámico, inquieto, vivo.
Y por lo general somos lo bastante estúpidos para dudar siempre que han destrozado, o por decirlo más claro, han tirado nuestra confianza a la mierda. Supone un golpe más, fuerte o leve depende del individuo, pero en ocasiones supone que no entendamos ni nuestro propio idioma, porque no tenemos nada claro, porque dicho golpe ha engendrado mil desconfianzas, que llevan a su vez a la duda, al simple acto de dudar. Probablemente no volvamos a confiar nunca, seguramente basemos una vida sometida a una acción de dudar, y rodeada de dudas, que implica la aparición del miedo, de repeler el riesgo, pero a pesar de ello seguimos vivos, y eso al fin y al cabo es lo que cuenta.

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