sábado, 10 de enero de 2015

Bésame, rápido.

Ella se cruzó por su camino. Le miró, con ojos marrones, tristes, grandes, desesperanzados. Se aparto un mechón de su pelo castaño de la cara y lo puso detrás de su oreja mientras levantaba la vista y clavaba su mirada en sus ojos.
"Bésame, rápido, luego te lo explico"
Él fundió sus labios con esas dos líneas sabor cereza que llevaba deseando tocar tanto tiempo. Disfrutó, bebió de aquel beso como nunca había disfrutado de nada. La abrazó, deseando que sus cuerpos se fundieran en uno solo, y que ella nunca pudiera marcharse. Acarició su pelo y enredó sus dedos entre sus rizos revueltos.
"Bésame, rápido, que me tengo que despertar"
Esta vez era su propia voz la que resonaba en su cabeza.
Abrió los ojos, levanto las manos y hundió sus lágrimas en ellas. Apagó el despertador que le había impedido seguir mirando esos ojos castaños, rozar esa piel aterciopelada, desenredar esos rizos revoltosos. Se levantó de mala gana, pensando en como sería otro día más aquí, en este mundo, sin ella.

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