lunes, 8 de julio de 2013

Me giré de nuevo pero el no me dejó, cuando quise darme cuenta estaba bajo su cuerpo y tenia sus manos entrelazadas con las mías sobre mi cabeza. Sentí el peso de su cuerpo sobre mí y su respiración lenta sobre mi cara. Sus ojos se desviaron hacia mis labios, y su mano hacia mi barbilla, alzándola. Y me besó. Enredé la mano que me quedaba libre en su pelo acercándolo más a mi. Liberó su otra mano y deslizó sus dedos por mi cuello suavemente mientras entreabría sus labios contra los mios. Me estremecí como nunca había hecho y le correspondí, disfrutando de ese beso de buenos días. Y por un momento Laila pasó a un segundo plano.

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