Me giré de nuevo pero el no me
dejó, cuando quise darme cuenta estaba bajo su cuerpo y tenia sus
manos entrelazadas con las mías sobre mi cabeza. Sentí el peso de
su cuerpo sobre mí y su respiración lenta sobre mi cara. Sus ojos
se desviaron hacia mis labios, y su mano hacia mi barbilla,
alzándola. Y me besó. Enredé la mano que me quedaba libre en su
pelo acercándolo más a mi. Liberó su otra mano y deslizó sus
dedos por mi cuello suavemente mientras entreabría sus labios contra
los mios. Me estremecí como nunca había hecho y le correspondí,
disfrutando de ese beso de buenos días. Y por un momento Laila pasó
a un segundo plano.
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