sábado, 30 de junio de 2012


La real academia define la palabra imposible como algo que no tiene facultad ni medios para llegar a ser o suceder.
Y define improbable como algo inverosímil que no se basa en una razón prudente. Puesta a escoger, a mi me gusta más la improbabilidad, que la imposibilidad, como a todo el mundo supongo. La improbabilidad duele menos, y deja un resquicio a la esperanza.
Que David ganara a Goliat era improbable, pero sucedió. Un afroamericano habitando en la casa blanca era improbable, pero sucedió.
El amor, las relaciones, los sentimientos, no se basan en una razón prudente, por eso no me gusta hablar de amores imposibles, si no de amores improbables.
Porque lo improbable es, por definición, probable, lo que es casi seguro que no pase, es que puede pasar.
Y mientras alla una posibilidad, media posibilidad entre mil millones de que pase, vale la pena intentarlo.

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